viernes, 8 de mayo de 2015

Alquézar, Comarca Somontano de Barbastro, Huesca, Aragón.




A la belleza de “Uno de los Pueblos más Bonitos de España”, se une el encanto de la Ruta de las Pasarelas del río Vero, formando, en conjunto, uno de los destinos más atractivos de cuantos hemos visitado.





La Villa de Alquezar pertenece a la Comarca Somontano de Barbastro. Dentro del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, a los pies del pirineo oscense.  Asentada en un inmejorable emplazamiento, en lo alto de un roquero, domina las espectaculares gargantas del río Vero. Situada equidistante 
de Huesca capital y de Barbastro.






Su historia se remonta al dominio árabe. A principios del siglo IX, Jalaf ibn Rasid, mando construir una fortaleza, Al-Qásr, para defenderse de los ataques del condado cristiano de Sobrarbe y proteger el acceso de la ciudad de Barbastro. A ese antiguo alcázar árabe, del que no queda nada, le debe el nombre la Villa de Alquézar.






Nada más llegar ya se comprende por qué Alquézar se ha convertido en un referente turístico en Aragón. Desde el mirador Sonrisa del Viento, en la zona de aparcamiento, se disfruta de una de las vistas más bonitas y fotografiadas de la Villa de Alquézar.





Comenzamos nuestro recorrido por el entramado de calles irregulares y callizos, con soportales y casonas de antigua tradición, encaminado nuestros pasos hacia la Colegiata de Santa María la Mayor, majestuosa construcción a la que se accede a través de un recinto defensivo con trazado en zigzag. 


En Alquézar se palpa la historia. 



La visita a la Colegiata nos lleva algo menos de una hora. El claustro conserva capiteles historiados de época románica y unas interesantes pinturas murales. En la iglesia, en el coro, se conservan unos libros en latín y gregoriano, propios de catedrales. Visita, 2,50€, de 11/13:30h. y de 16:30/18h., hasta 19:30h. en primavera/verano.







Tras la visita a la colegiata nos dirigimos al comienzo de la Ruta de las Pasarelas del río Vero. Una ruta circular que empieza y acaba en el pueblo.






Desde la colegiata desandamos lo andado y seguimos las indicaciones que nos llevan hacia el inicio de la ruta.





Al poco de empezar, fuera ya del entramado urbano, nos percatamos de por qué a esta ruta se conoce con el nombre de Las Pasarelas de Alquézar, en seguida están las primeras, de madera, que facilitan, y mucho, la bajada de fuertes pendientes al Barranco de la Fuente, afluente del Vero. Unas infraestructuras que nos ponen en bandeja una excursión alucínate por bellos paisajes de la Sierra de Guara. 





En el primer tramo, siete pasarelas descienden hacia el fondo del barranco, entre paredes de roca caliza; con numerosas oquedades donde habitan las aves, buitres en su gran mayoría, rodeadas de vegetación adaptada a la humedad y frescura de estas gargantas.





Ya en el fondo del cañón, el sendero discurre paralelo al cauce del río Vero. Llegamos a un cruce señalizado, en el que, desviándonos un poco del trayecto, podemos ver la Cueva Picamartillo; inmensa e impresionante.







Después de un tramo caminado junto al río, lo hacemos ahora sobre él, por pasarelas metálicas muy bien ancladas a la roca.









Llegamos a una pequeña presa, restos de un azud, que retenía el agua para ser encauzada hacia un molino harinero. 




Desde la presa continuamos hacia la central eléctrica y nos adentramos por un tramo muy espectacular, cubierto por una enorme roca que incluso nos obliga a agacharnos un poco. 





En unos metros vuelven las pasarelas que salvan el tramo más complicado del río Vero, alcanzando en algunos puntos una altura considerable, gracias a las cuales se puede transitar este sendero de una forma cómoda y agradable, cautivándonos a cada paso. En él aun podemos ver las antiguas pasarelas, por debajo de las actuales, colocadas en el siglo pasado para facilitar el acceso a los trabajadores de la central eléctrica, la cual abastecía de electricidad Alquézar a principios del siglo XX. Este tramo está considerado el más representativo de la ruta.








Desde la presa emprendemos el sendero, bien señalizado en todo momento, camino del pueblo. Vamos ascendiendo en pendiente continua, en algunos tramos bastante pronunciada y escarpada, entrando en una zona de cultivos, en su mayoría olivos, cultivo muy antiguo en el Somontano de Barbastro, con ejemplares centenarios.






Seguimos ascendiendo y pronto llegamos Alquézar, principio y fin de la Ruta de las Pasarelas del río Vero, en la que hemos invertido algo menos de dos horas.




Un destino de lo más completo, cien por cien recomendable y al que sin duda volveremos.







Nuestro alojamiento en Alquézar:


Hotel Castillo





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