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sábado, 23 de julio de 2011

CERROS DE ÚBEDA, JAÉN


La famosa frase "Por los cerros de Úbeda", proviene del S.XIII, cuando el rey cristiano Alfonso VIII, dispuesto a asaltar la ciudad, ubicó a sus caudillos en diversas lomas cercanas a Úbeda, debiendo permanecer atentos a la orden de ataque.





Es famoso el dicho "Por los cerros de Úbeda". Procede del S.XIII cuando el rey cristiano Alfonso VIII, dispuesto a asaltar la ciudad, ubicó a sus caudillos en diversas lomas cercanas a la ciudad, debiendo estar atentos a la orden de ataque. Uno de esos caudillos era Álvar Fáñéz, que descubrió a una mora bañándose en el río fronterizo, quedando cautivo de amor, por lo que ignoró la orden de ataque del rey cristiano. Alfonso VIII pudo ganar la batalla sin la ayuda de Álvar Fáñez. El rey le preguntó al día siguiente donde había pasado la noche, a lo cual Álvar Fáñez le contestó: "Por esos cerros, Señor".

Famosa frase que muchos utilizamos, sabiendo muy bien lo que significa, pero no de donde proviene.

El origen de esta frase sigue sin estar claro, aunque todo apunta a que fue concebida en tiempos de la conquista cristiana. De un modo u otro, esta célebre expresión es el origen de una de las leyendas más bellas de cuantas circulan por el norte de Andalucía.

Cuentan las crónicas que el rey castellano Alfonso VIII, vencedor en la batalla de las Navas de Tolosa, quiso volver a plantar cara a los almohades en la vecina ciudad de Úbeda. Para ello mandó a Alvar Fáñez, su más valeroso caudillo, que se destacó con su mesnada a los alrededores de la entonces ciudad andalusí.

Cierta tarde que el apuesto gerifalte entretenía sus tediosas horas a la espera de entrar en batalla encontró en un arroyuelo a una bella princesa árabe. Al poco rato ambos quedaron hechizados por el amor, hasta el punto de que la hermosa joven lo citó al día siguiente para dar rienda suelta a sus más encendidos deseos.

La mala fortuna quiso que aquella noche Alvar Fáñez recibiera la orden de entrar en combate. Dividido entre la obligación dictada por su rey, y el deseo de encontrarse con su amante, decidió al fin sucumbir a las tentaciones de la princesa, que lo esperaba en una almunia cercana a la ciudad.

La historia recuerda que muy dura fue la batalla, más fueron los cristianos los vencedores de aquel envite. No obstante, el rey Alfonso VIII estaba enfurecido al no ver a su fiel caudillo en el fragor de la contienda. Una vez que entró en la ciudad el monarca lo llamó a su presencia, y con tono malhumorado le preguntó dónde había pasado la noche, Alvar Fáñez, embebido aún por tanta caricia recibida, dijo al fin: «Por esos cerros de Úbeda, mi señor, por esos cerros...».

De Alvar Fáñez y de su bella princesa nada más se volvió a saber. Pero aquellas palabras del apuesto guerrero quedaron ancladas en el imaginario popular como sinónimo de despiste, de distracción o extravío. 

No será extravío, en todo caso, lo que el viajero sentirá si visita Úbeda en busca de sus leyendas y sus monumentos.


                                            

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